El ego- Taller de lectura de M{onica Borbolla Romero
Todos
tenemos uno, pero pocas veces nos detenemos a observar cómo influye en nuestra
vida. El ego es esa parte de nosotros que quiere tener razón.
¿Alguna
vez has discutido con alguien y, en el fondo de ti, sabias que esa persona
tenía razón, pero te costaba reconocerlo? ¿O te has sentido herido por un
comentario que, quizás, ni siquiera tenía la intención de lastimarte? En esos
momentos, es probable que esté interviniendo el ego.
1.
¿Qué es realmente el “ego”?
La
palabra ego viene del latín y significa “yo”.
En
psicología tiene diferentes significados. De manera sencilla, podemos entender
el ego como la manera en que construimos y protegemos la imagen que tenemos de
nosotros mismos.
Es
esa voz interior que nos dice:
-
“Yo tengo razón”
-
“¿Cómo se atreve a hablarme así”?
-
“Yo no voy a pedir disculpas primero”
-
“¿Qué van a pensar las personas de mí?”
-
“Tengo que demostrar que soy capaz”
El
ego no es necesariamente malo. Necesitamos una identidad, autoestima y
capacidad para defender nuestros límites. El problema aparece cuando proteger
nuestra imagen nos parece más importante que comprender, aprender o
relacionarnos sanamente con los demás.
El
ego no siempre quiere que seas feliz; muchas veces quiere que tengas razón.
2.
¿Cómo se manifiesta el ego en la vida cotidiana?

En las discusiones
A veces ya no discutimos para resolver un problema, sino para
ganar. Dejamos de escuchar porque estamos preparando nuestra siguiente
respuesta.
La pregunta deja de ser ¿Cómo solucionamos esto? y se
convierte en ¿Cómo demuestro que tengo razón?
En la necesidad de
aprobación
Publicamos algo esperando que les guste a los demás, nos
comparamos con otras personas o nos sentimos menos valiosos cuando no recibimos
reconocimiento.
El ego puede convertir la opinión ajena en un espejo del que
dependemos demasiado.
En el orgullo y el
resentimiento
A veces queremos acercarnos a alguien, pero no lo hacemos
porque sentimos que nos corresponde recibir una disculpa primero.
Podemos pasar mucho tiempo esperando que el otro dé el primer
paso, aunque también nosotros deseemos reconciliarnos.
3.
¿Por qué nos cuesta tanto reconocer nuestros errores?
Porque equivocarnos puede amenazar la imagen que tenemos de
nosotros mismos.
Si nos consideramos inteligentes admitir un error puede
hacernos sentir ignorantes. Si nos consideramos buenas personas, aceptar que
hemos lastimado a alguien puede resultar doloroso.
Entonces nuestra mente busca protegernos: justificamos lo que
hicimos, culpamos a los demás o encontramos razones para no cambiar de opinión.
Esto se relaciona con un fenómeno psicológico llamado disonancia cognitiva: la incomodidad
que experimentamos cuando nuestras acciones, creencias y valores entran en
conflicto.
Por ejemplo:
Una persona piensa que es muy generosa, pero un día alguien
le señala que nunca ayuda a los demás. En vez de reflexionar, responde: “Yo he
hecho muchísimo por otras personas”
Tal vez tenga razón. Sin embargo, si utiliza esa respuesta
únicamente para evitar examinar su comportamiento, pierde una oportunidad de
conocerse mejor.
Madurar no significa dejar de equivocarse; significa
necesitar cada vez menos excusas para reconocerlo.
4.
¿El ego también puede esconderse detrás de la humildad?
¡Sí! Y esta es una de las partes más interesantes.
El ego no siempre se manifiesta como arrogancia. También
puede aparecer cuando alguien se considera inferior a los demás, necesita
sacrificarse constantemente para sentirse indispensable o busca demostrar que
es la persona más buena, más sufrida o más humilde.
Por ejemplo:
-
“Yo nunca haría algo tan malo como lo que hizo esa persona”
-
“Nadie ha sufrido tanto como yo”
-
“Yo no necesito a nadie”
-
“Siempre soy yo quien da todo por los demás”
Estas
afirmaciones no son necesariamente señales de ego por sí solas. Lo importante
es observar qué necesidad hay detrás: ¿estamos expresando una experiencia real
o necesitamos sentirnos superiores, indispensables o moralmente mejores?
5.
¿Cuál es la diferencia
entre ego y autoestima?
Aunque están relacionados, no son lo mismo.
-
El ego necesita demostrar su valor y la autoestima reconoce
su valor sin tener que demostrarlo constantemente.
-
El ego vive la crítica como una amenaza, la autoestima puede
escuchar una crítica sin aceptarla automáticamente.
-
Al ego le cuesta pedir perdón, y a autoestima pude reconocer
sus errores
-
El ego se compara para saber quién vale más, la autoestima
reconoce que cada persona tiene cualidades y limitaciones.
-
El ego busca aprobación constante, la autoestima disfruta la
aprobación, pero no depende totalmente de ella.
Una persona
con autoestima saludable también puede sentirse herida, enojarse o ponerse a la
defensiva. La diferencia está en que puede detenerse, reflexionar y decidir
cómo responder.
6.
¿Se puede vivir sin ego?
Desde una visión cotidiana, quizás no necesitamos eliminar el
ego, sino aprender a reconocer cuando nos esta dominando.
No se trata de dejar de querernos, permitir que nos maltraten
o renunciar a nuestros límites.
Se trata de poder decir:
-
“Me equivoqué y eso no me convierte en una persona incapaz”
-
“ No estoy de acuerdo contigo, pero quiero comprenderte”
-
“Puedo pedir perdón sin perder mi dignidad”
-
“Que alguien no me quiera, no significa que yo no tenga
valor”
-
“No necesito ganar todas las discusiones”
7.
¿Cómo podemos aprender a
manejar nuestro ego?
a)
Haz una pausa antes de
reaccionar
Pregúntate: ¿Estoy intentando resolver algo o estoy intentando
defender mi orgullo?
b)
Aprende a escuchar sin
preparar una defensa
Escuchar no significa darle la razón al otro. Significa
permitirle conocer su perspectiva
c)
Practica pedir perdón
Una disculpa sincera no te hace inferior. Puede demostrar que
valoras más la relación y la honestidad que tu orgullo
d)
Cuestiona la historia que
te cuentas
Si alguien no te saluda, ¿realmente está despreciándote o
existen otras explicaciones posibles?
e)
Acepta que puedes cambiar
Cambiar de opinión cuando encuentras mejores argumentos no es
una derrota. Es una forma de aprender
8.
Una reflexión: ¿Cuánto
sufrimiento nos provoca el ego?
Imagina
a dos personas que han terminado una relación.
Ambas
extrañan a la otra. Ambas sienten tristeza. Ambas quisieran hablar.
Pero
ninguna llama a la otras porque piensa que hacerlo significa perder, mostrar
debilidad o admitir que todavía le importa.
Pasan
los meses y el sufrimiento continúa.
¿Están
protegiendo su dignidad o están protegiendo su orgullo?
No
siempre es sencillo distinguirlos. A veces mantener la distancia es necesario
para cuidarnos. Otras veces, el orgullo nos impide expresar algo que realmente
deseamos decir.
La
clave está en preguntarnos si nuestra decisión nace del respeto por nosotros
mismos o del miedo a parecer vulnerables.
Y
aquí se encuentra una de las grandes paradojas del ego: por intentar protegernos del dolor, a veces termina alejándonos de eso
que más deseamos.
PREGUNTAS
PARA REFLEXIONAR
1.
¿Por qué nos importa tanto lo que piensen los demás?
2.
Que es más difícil: ¿pedir perdón o perdonar?
3.
¿Se siente realmente valiosa una persona que presume
constantemente su valor?
4.
¿Que nos da más miedo: ¿equivocarnos o que los demás
descubran que nos equivocamos?
5.
¿Cuántas cosas de nuestra personalidad son realmente quienes
somos y cuantas son una imagen queremos construido para que los demás nos
acepten?
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